20.12.09

REGRESANDO AL MAR




"Los cuentos referencian a menudo el carácter indestructible del alma salvaje. Por medio del amor y el cuidado de nuestras estaciones naturales evitamos que nuestra vida se deje arrastrar por el ritmo, la danza y el hambre de otra persona. Por medio de la ratificación de nuestros ciclos claramente diferenciados del sexo, la creación, el descanso, el juego y el trabajo, aprendemos de nuevo a definir y distinguir nuestros sentidos y estaciones salvajes.
        Sabemos que no podemos vivir una vida confiscada. Sabemos que hay un momento en que las cosas de los hombres y de la gente y las cosas del mundo tienen que abandonarse durante algún tiempo. Las culturas excesivamente opresivas tratan de impedir que la mujer regrese a casa. Con demasiada frecuencia se la disuade de que se acerque al agua hasta que se queda en los puros huesos.
       Pero cuando se produce la llamada para que se tome un largo permiso para regresar a casa, una parte de ella siempre la escucha, pues la estaba esperando. Ella la sigue, pues se ha estado preparando en secreto y no tan en secreto para seguirla. Ella y todos sus aliados de la psique interior recuperarán la capacidad de regresar.
       Dice Jung: "Cuando el espíritu pesa, se dirige hacia el agua... Por consiguiente, el camino del alma conduce al agua". El mar nos llama a todas, y todas tenemos que regresar. El regreso a casa es nuestro acto de innata ecología integral, pues es un regreso al agua, una reunión con el amigo salvaje, el que nos ama por encima de todos los demás incansablemente, sin la menor reserva y con inmensa paciencia. Basta con que contemplemos y aprendamos de esos ojos rebosantes de alma que son salvajes, sabios y afectuosos."
      
Mujeres que corren con los lobos, Clarissa Pinkola Estés, Editorial Sine Qua Non.

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