6.7.10

SABER ENVEJECER




Sus viejos huesos crujían
y su caminar era lento,
pero su sonrisa
era cegadoramente brillante.

Su mente era aguda
y su voz amable,
su actitud, una verdadera delicia.

El mundo había cambiado
en los inviernos que ella conoció,
Pero soportaba su peso con orgullo.

Ella compartía su sabiduría
y contagiaba su bondad
guiada por su amor a la vida.

No se inclinó ante el tiempo,
y usó la vida como su escenario.
Encontró alegría cada mañana,
y nunca fue rechazada por su edad.


Si dejamos marchar nuestros vanos intentos de esconder los inviernos que hemos pasado y abrazamos la idea de que nuestros corazones y mentes serán jóvenes para siempre, podremos darnos cuenta de que esta actitud lo es todo.

Earth Medicine, Jamie Sams. Editorial Harper Collins.



4 comentarios:

merce dijo...

Exquisita belleza de palabra e imagen.

Me inclino ante esta bella sabiduría, que todos compartiremos más pronto o más tarde si seguimos aquí.
Ojalá que este brillo y esta sonrisa nos habite, hasta el momento de irnos y más allá.


Un abrazo grande Teresa.

Teresa dijo...

Que sepamos abrazar esa sabiduría que acepta la naturaleza del cambio y podamos ponerla al servicio de nuestros actos de amor.

Gracias por la luz de tus palabras, Merce.

Un beso.

Amelia dijo...

Un poema corto que escribí una vez:

"Las arrugas,
los torrentes del rostro,
la mirada
de las mujeres viejas..."

Honor a las viejas y su sabiduría.

Teresa dijo...

Gracias por tu hermosa aportación, Amelia!

Honremos a esas miradas ancianas que saben...

Un beso.

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