3.5.11

LA CARA OSCURA DE LA DIOSA



El aspecto destructivo y transformador de la voluntad cósmica se representa como un abismo encarnado en la mitología sumeria por Ereshkigal. Es necesario trascender el miedo al agujero negro y abrirnos al potencial renovador que su fuerza salvaje porta.
"El estudio de Perera sobre el descenso de Inanna al mundo subterráneo, al estar escrito por una mujer, nos da una visión profunda y personalmente auténtica de ese lado nocturno de lo femenino que resulta tan aterrador que el patriarcado tenía que reprimirlo. Incluso en su aspecto más luminoso y diurno, como reina del cielo, de la vida y de la fertilidad, el simbolismo de Inanna no refleja seguridad plácida y estática, sino que "como la radiante y errática estrella vespertina y matutina representa energías que es imposible mantener o contener o hacer seguras e indudables. Representa una consciencia de transición y frontera, creatividad y cambio, preside los altibajos del destino, que es a la vez impredecible e inexorable, y obliga a aceptar la vida como un proceso de cambio continuo.
       Según el poema sumerio, Inanna es también una diosa león de la guerra y matadora del dragón, "el corazón de la batalla", "el brazo de los guerreros", "que todo lo devora con su poder, la de corazón fiero y rostro aterrador", ambiciosa, regia y poderosa. Es también, con la misma pasión, la diosa del amor sexual. Anhela y toma, niega y destruye, y luego se lamenta y compone cantos afligidos. No despierta el deseo desde dentro, sino que proclama su necesidad activamente y celebra su cuerpo en la canción amorosa, celosa, afligida, gozosa, tímida, exhibicionista, ladrona, apasionada, ambiciosa y generosa. Pero es también virgen, eternamente joven, dinámica, feroz e independiente. Encarna el aspecto lúdico, autónomo e indomable de lo femenino.
       Si la encarnación de esta gama feroz e indomable de afectos era bastante mala, el rostro sombrío e infernal de Ereshkigal, su otro lado, resulta aún más aterrador para el ego en formación. Ereshkigal rige todas las cosas que parecen oponerse a la vida: Muerte, no ser, aniquilación, vacío. "Ella es la raíz de todo, donde la energía es inerte y la conciencia duerme enroscada. Ella es el lugar donde la vida potencial yace inmóvil, pero agitada por las angustias del nacimiento. Está debajo de todo lenguaje y distinción, pero juzga y actúa, llena de codicia, de miedo a perder e incluso de autodespecho, de cólera, de violencia destructiva sadomasoquista, de cruda instintividad escindida de la conciencia. Es el terreno peligroso sobre el que pisa la conciencia, un agujero negro donde se invierte la energía y así se transforma, que entraña también putrefacción, descomposición y gestación. 
       Representa los aspectos inevitables del mundo subterráneo arquetípico que obran invasoramente y contra la voluntad consciente sobre el recipiente entregado y pasivo como fuerzas impersonales que devoran, destruyen, incuban y dan a luz con crueldad implacable. Se produce así una sensación desesperada y vacía de esterilidad, vacío o pérdida, una angustia abismal, sufrimiento, desvalidez y futilidad, pérdida de individualidad, sensación de frialdad despreocupada, como el ojo de la muerte, que rechaza la proximidad, la relación y hasta la piedad.
       El dominio de Ereshkigal, cuando estamos en él, parece ilimitado, irracional, primordial y totalmente indiferente, destructivo. Contiene una energía que empezamos a conocer mediante el estudio de los agujeros negros y de la descomposición de los elementos, así como del proceso de fermentación, del cáncer, de la putrefacción, y también por las actividades del cerebro inferior que regulan los movimientos peristálticos, la menstruación, el embarazo y otras formas de vida corporal a las que debemos someternos. Es el aspecto destructivo-transformador de la voluntad cósmica. Ereshkigal, a través del tiempo y del sufrimiento, destruye implacable todas las distinciones en sus fuegos indiscriminados e impulsa, sin embargo, la nueva vida. Simboliza el abismo que es origen y fin, el terreno básico de todo ser."

El retorno de la Diosa, Edward C. Whitmont. Editorial Paidós.


2 comentarios:

Ciruela Dulce dijo...

Entonces Ereshkigal es el Fuego de la Purificación, es el nuevo comienzo de la Alquimia Cósmica, en cada uno de sus ciclos... Muchísimas Gracias por esta información!

Teresa dijo...

Querida Ciruela!

Si nos rendimos a la fuerza de la vida, sobre todo en esos momentos de los ciclos que "no nos gustan" porque les tenemos miedo, las rosas de nuestro jardín sagrado florecerán hermosas y con fuerza. Si nos resistimos, el resultado siempre es doloroso en alguna medida.

Arder y morir para renacer con nueva fuerza es parte del milagro de la vida que sucede como es, con o sin nuestro consentimiento, nos guste o no.

Dejémonos flotar en las corrientes de la vida, que Ella nos lleve.

Un abrazo alquímico, ;D

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