24.11.12

COMPASIÓN TRAS EL ABORTO




"Aunque nunca he abortado- de hecho, enfrenté, me escapé y corrí más rápido que los que querían obligarme a hacerlo en cada uno de mis dos embarazos-, definitivamente veo una clara semejanza con la fractura que tiene lugar en el corazón y el espíritu cuando a una persona se le empuja a creer o decide por sus propias razones que ella/él no puede cuidar a su propio hijo. Los que han sufrido cualquiera de estas experiencias necesitan nuestro cuidado.

(...) Falta mucho diálogo sobre el tema de las heridas después del aborto y de la pérdida del embarazo por parte de quienes lo hemos atestiguado en otros, a quienes aún no nos invitan a participar o hemos sido silenciados a gritos al tratar de hablar de un camino humanitario y sincero para todas las madres que alguna vez han estado embarazadas en cualquier circunstancia.

(...) Mucho tiempo atrás leí y releí uno de los poemas de la señorita Brooks, intitulado La Madre. El poema me electrizaba y significaba mucho para mi, pues yo luché como gato salvaje a los dieciocho años para que no se me humillara y presionara hasta obligarme a abortar. Logré llevar a término a mi bebé, pero como madre soltera, perdí a mi hermoso primogénito vivo porque me obligaron a renunciar a él. 


La Madre
por Gwendolyn Brooks

Los abortos no te dejan olvidar.
Recuerdas a los niños que recibiste
y que no pudiste recibir,
pulpas húmedas y pequeñas,
con poco o nada de pelo,
los cantantes y trabajadores
que nunca recibieron el aire.

Nunca los descuidarás ni los golpearás,
ni los callarás ni los comprarás con un dulce.
Nunca harás que dejen de chuparse el dedo
ni ahuyentarás a los fantasmas que llegan.
Nunca los dejarás,
mientras contienes un exquisito suspiro,
y regresas para hacerte un bocado de ellos,
con golosa mirada de madre.

He escuchado en las voces del viento
las voces de mis tenues 
hijos asesinados.
Me he contraído. Me he aliviado.
Mis débiles amados en los pechos
de los que nunca mamaron.
He dicho, Cariños, si pequé, si les arrebaté
su suerte
y sus vidas de su alcance inconcluso,
si robé sus nacimientos y sus nombres,
sus simples lágrimas de bebé y sus juegos,
sus amores acartonados o hermosos, sus tumultos,
sus matrimonios,
sus dolores y sus muertes,
si envenené el comienzo de sus respiros,
créanme que hasta cuando más decidida fui,
no estaba decidida.
Aunque ¿por qué habría yo de gimotear,
gimotear que el crimen fue de otro y no mío?
Si de todos modos están muertos.
O más bien, o en cambio,
nunca tomaron forma.
Por eso también, me temo,
es incorrecto: ay, ¿qué debo decir,
cómo decir la verdad?
Nacieron, tuvieron cuerpo, murieron.
Solo que nunca se rieron ni hicieron planes
ni lloraron.

Créanme, los amé a todos.
Créanme, los conocí, aunque desdibujados,
 y los amé, los amé
a todos."


Desatando a la Mujer Fuerte, Clarissa Pinkola Estés. Editorial Diana.


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